31 dic. 2010

JORGE EDUARDO ACOSTA


Acosta fue el jefe de inteligencia del Grupo de Tareas 3.3.2 y el que manejaba todo lo que ocurría en la ESMA. Este grupo de operaciones especiales que operó dentro del ESMA fue el responsable de algunos de los secuestros más renombrados: el de las monjas francesas, a quienes ordenó que se las arrojara al Delta del Tigre, el de los familiares de los desaparecidos que se reunían en la Iglesia de Santa Cruz, y el de la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo. Tambi&eacuten fue Acosta el que decidió el traslado (o ejecución) de Dagmar Hagelin, la jovencita sueca. Acosta era el responsable de decidir quien viviría y quien moriría, el determinaba quienes de los desaparecidos serían tirados al mar desde los aviones de la Armada. Acosta también participaba en las sesiones de torturas a los desaparecidos detenidos en la ESMA. Además participó en los vuelos de la muerte, en los cuales los desaparecidos eran tirados vivos al mar desde aviones. Según un testigo, Acosta hacía bailar a ritmo de samba a los desaparecidos "para que estuvieran alegres" antes de que estos fueran inyectados con calmantes.
En su juicio, se le imputaron 82 delitos, entre ellos: la desaparición de la familia Tranopolsky, la tortura de los detenidos-desaparecidos Nilda Noemí Actás Goreta, Lisandro Cubas, Carlos Alberto García y Ricardo Coquel, entre otros.
También se le imputa ser uno de los que determinaba a quien se le entregaría ilegalmente los hijos de las desaparecidas nacidos en la ESMA.
Según Acosta, que declaró ante un juzgado militar en 1986 y 1987, en la ESMA se esmeraba en quebrar con tortura a los detenidos y cuando lo hacía, los convertía en agentes de inteligencia.
En 1981 viajó a Sudáfrica donde se desempeñó como asesor en la lucha contrainsurgente.
Acosta es imputado en los procesos contra los militares argentinos acusados de desaparecer a ciudadanos italianos.
En octubre de 1997, el juez español investigando la desaparición de los ciudadanos españoles en Argentina emitió un auto de procesamiento y detención contra Acosta y otros por los crímenes de genocidio y terrorismo.
Pasó a retiro en 1984 y actualmente se desconocen sus actividades - la última en ser confirmada era como jefe de seguridad de un mercado. Sin embargo se alega que Acosta está involucrado en el aparato de Alfredo Yabrán, a quien se le imputa ser cabecilla del crimen organizado en Argentina. También se ha alegado que Acosta trabaja para Bauza y Corach.
En enero de 1998, se descubrió que Acosta tiene una cuenta de banco en Suiza, que podría haber sido utilizada para esconder el dinero robado a los desaparecidos. Esto hace posible que se abran nuevas investigaciones sobre delito de robo en Argentina.
En marzo de 1988, el policía retirado Roberto Oscar González señaló a Acosta como el responsable del operativo en el que habría muerto el periodista Rodolfo Walsh, en 1977.

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POEMA A LA MUERTE POR PABLO NERUDA

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante

POEMA A LA MUERTE

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

No con lágrimas,

puesto que el exilio es voluntario,

sí con pena,

que no cabe en mi pecho el deseo.

¿Es, acaso, extraño una noche oscura?

De loco es añorar la luz ahora

y sin embargo me salgo de mí

y necesito como el adicto

la droga redentora.

Tiemblan mis labios

en tus labios ausentes,

huyes como una sombra

que no logro atrapar.

Queda mi grito en la garganta

y tu pecho cotidiano

de las manos se escapa,

tus ojos, ya cerrados,

no me hablan.

En este silencio sin tí

me pregunto:

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

NO SON LOS MUERTOS

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.