17 nov. 2010

AILEEN CAROL WUORNOS (1989-1990)


Entre diciembre 1989 y de septiembre de 1990, aparecieron los cuerpos de varios hombres asesinados a lo largo de las carreteras de la Florida norte y central.
Fueron determinantes las pruebas contra Aileen, pues sus huellas dactilares aparecieron en las pertenencias de Mallory y de Antonio que habían sido empeñadas cerca de la playa de Daytonay. Ella dejó como referencia en la tienda de empeños su nombre real en las tarjetas de registro de los objetos, esta prueba fue lo que dio con ella.
Aileen confesó el asesinato de los seis hombres, alegando que éstos abusaron sexualmente con fuerza cuando trabajaba como prostituta de la carretera, por ello los mató en defensa propia. La sentencia del juicio la condenaba a muerte.
Cabe señalar que dos semanas después de su detención, Aileen y su abogado ya habían vendido las derechos de su historia para llevarla al cine.

VICTIMAS

Richard Mallory, 51 años, dueño de una tienda de electrónica de Clearwater. El 1 de diciembre 1989, un diputado del condado de Volusia descubrió el vehículo abandonado de Richard Mallory. Su cuerpo fue encontrado el 13 de diciembre, a varias millas en una zona de selva. Mallory había sido tiroteado, pero dos balas al pulmón izquierdo fueron las que le causaron su muerte.
David, 43 años, trabajador de la construcción del jardín del invierno, su cuerpo fue encontrado el 1 de junio de 1990, a lo largo de la carretera 19 en el condado de la fruta cítrica. Su cuerpo estaba desnudo con seis balas en el torso.
Charles Carskaddon, 40 años, temporero del rodeo, su cuerpo se encontró el 6 de junio de 1990, en el condado de Pasco. El forense encontró nueve balas de calibre pequeño en su pecho y abdomen.
Troy Burress, 50 años, vendedor de salchichas de Ocala, desapareció el 31 de julio de 1990. El 4 de agosto de 1990 la policía encontró el cuerpo en una zona de selva en el condado de Marion. El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición pero se evidenciaba que había muerto por dos balazos.
Charles "Dick" Humphreys, 56 años, jubilado de la fuerza aérea, su cuerpo apareció en el condado de Marion el 12 de septiembre de 1990 con seis balas en la cabeza y el torso.
Walter Jeno Antonio, 62 años, su cuerpo se encontró el 19 de noviembre de 1990 cerca de un camino del condado de Dixie. Su cuerpo estaba mediodesnudo, y le habían tiroteado cuatro veces en la nuca y cabeza.
Peter Siems, 65 años. En junio de 1990, Peter Siems salió de Florida, dirigiéndose hacia Nueva Jersey. La policía encontró su coche el 4 de julio de 1990. Los testigos identificaron a Tyria Moore y Aileen Wuornos como las dos personas vistas el dejar el coche donde fue encontrado en última instancia. Una impresión de la palma de la mano en la puerta del coche condució a inculpar a Aileen. El cuerpo de Siems nunca apareció.
La vida de Aileen ha sido llevada al cine recientemente bajo el título de “Monster”.

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POEMA A LA MUERTE POR PABLO NERUDA

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante

POEMA A LA MUERTE

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

No con lágrimas,

puesto que el exilio es voluntario,

sí con pena,

que no cabe en mi pecho el deseo.

¿Es, acaso, extraño una noche oscura?

De loco es añorar la luz ahora

y sin embargo me salgo de mí

y necesito como el adicto

la droga redentora.

Tiemblan mis labios

en tus labios ausentes,

huyes como una sombra

que no logro atrapar.

Queda mi grito en la garganta

y tu pecho cotidiano

de las manos se escapa,

tus ojos, ya cerrados,

no me hablan.

En este silencio sin tí

me pregunto:

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

NO SON LOS MUERTOS

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.