20 nov. 2010

LA SERPIENTE


Conocido como “La Serpiente” por su forma astuta y despiadada de actuar, Sobhraj es un asesino serial francés de ascendencia hindú y vietnamita. Se sospecha que cometió innumerables asesinatos en Asia y Europa depredando sobre todo en turistas.
Fue criado en París, pero escapó de la escuela y se fue a Vietnam donde comenzó su carrera criminal falsificando cheques de la cuenta de banco de su hermana. Arrestado por primera vez en 1963 (cuando tenía 19 años), comenzó a usar sus habilidades para la manipulación y el chantaje y cuando salió de prisión comenzó a moverse de país en país robando a cuantas personas podía. Se introdujo fácilmente en el mundo del tráfico de heroína y en 1972 cometió su primer homicidio, inicialmente para eliminar a sus competidores en el negocio y después como una forma de diversión, inyectando cocteles letales a sus víctimas y robándoles todas sus pertenencias. Elegía turistas jóvenes, que viajaban solos o en pequeños grupos con el backpack a la espalda, pues sabía que nadie los buscaría pronto. Se piensa que cometió al menos 20 asesinatos de 1972 a 1982 en la India, Tailandia, Afganistán, Turquía, Nepal, Irán y Hong Kong.
Charles Sobhraj fue arrestado numerosas veces en Francia, Afganistán, Grecia e India, pero se las arreglaba para salir pronto, enredando a sus captores o aliándose con personas que lo ayudaban a escapar. En una ocasión, planeó robar todos los pasaportes y pertenencias de los pasajeros de un autobús lleno de estudiantes de ingeniería dándoles lo que dijo eran tabletas para prevenir la disentería en la India, pero quedó descubierto cuando los chicos comenzaron a desmayarse en el lobby del hotel.
Por este crimen, estuvo 10 años recluido en una de las más duras prisiones de la India, pero pronto se convirtió en el rey del lugar, obteniendo privilegios de los guardias y el servicio de todos los internos y hasta del alcalde de la prisión.
Poco antes del día de su liberación, organizó una fiesta de cumpleaños y distribuyó alimentos repletos de tranquilizantes a quienes asistieron, de tal forma que todos quedaron dormidos excepto él y una cuadrilla de sus secuaces. Salió de la prisión por la puerta principal e incluso tuvo el descaro de fotografiarse a lo largo del proceso. Pronto fue aprehendido nuevamente y él mismo declaró que había planeado esto para evitar ser extraditado a Tailandia donde le esperaba un juicio por 5 homicidios y donde seguramente le darían la pena de muerte.
En 1997 fue finalmente liberado pero, temiendo ser extraditado, se negó a salir de su celda hasta recibir sus papeles de identidad procedentes de la embajada francesa. Poco después de salir hizo un trato de 15 millones de dólares por una autobiografía y los derechos para filmar una película sobre su vida con el productor francés Yves Renier.
En Francia se convirtió en una celebridad, y todo el mundo quería una entrevista con él. Sobhraj cobraba el equivalente a unos 10 mil dólares por sentarse a tomar un café con un periodista y hablar sobre las condiciones de una entrevista y, si esta se daba, Sobhraj cobraba por cada palabra que pronunciaba.
Sobhraj vivió cómoda y ricamente en París hasta que, en un acto solo concebible en una mente psicopática y con un ego que superaba el sentido común, viajó a Nepal para divertirse en los casinos, sabiendo que en dicho país estaba condenado a prisión por asesinato. Fue capturado y ha permanecido tras las rejas desde entonces hasta la fecha.

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POEMA A LA MUERTE POR PABLO NERUDA

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante

POEMA A LA MUERTE

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

No con lágrimas,

puesto que el exilio es voluntario,

sí con pena,

que no cabe en mi pecho el deseo.

¿Es, acaso, extraño una noche oscura?

De loco es añorar la luz ahora

y sin embargo me salgo de mí

y necesito como el adicto

la droga redentora.

Tiemblan mis labios

en tus labios ausentes,

huyes como una sombra

que no logro atrapar.

Queda mi grito en la garganta

y tu pecho cotidiano

de las manos se escapa,

tus ojos, ya cerrados,

no me hablan.

En este silencio sin tí

me pregunto:

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

NO SON LOS MUERTOS

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.