22 nov. 2010

LEONARD LAKE Y CHARLES CHITAT NG


Esta pareja de asesinos seriales sádicos, se piensa, mataron entre 11 y 25 personas y filmaron y fotografiaron muchos de sus homicidios.
En 1985, un tendero de california llamó a la policía porque un asiático había escondido una herramienta de las que vendía en su tienda bajo su abrigo. Cuando llegó la policía, el asiático se había ido, pero ahí estaba un hombre con barba, quien le dijo al oficial que ya había pagado por lo que su amigo había tomado, así que no había delito qué perseguir. El oficial, sin embargo, hizo algunas comprobaciones y encontró que el vehículo del hombre era robado y que, además, había un arma en el interior. Poco después, el hombre barbado fue arrestado y en la comisaría dijo que se llamaba Leonard Lake y que su amigo era Charles Chitat Ng, que él (Lake) era un fugitivo buscado por el FBI. Pidio de favor que le quitaran las esposas, que le llevaran un vaso con agua, papel y lápiz para escribir una nota a su esposa. Lo complacieron y, poco después, vieron cómo sacaba algo de su camisa, se lo echaba a la boca y, en pocos minutos, estaba convulsionando. Había tomado dos tabletas de cianuro que terminaron matándolo.
Poco después, contactaron a la ex esposa de Lake quien llevó a la policía a una cabaña en el bosque. En la inspección preliminar, encontraron manchas de sangre por todas partes: En la pared, en un colchón, en diversos artículos de lencería y algunos agujeros de bala en las paredes y en el piso.
Unos meses después del matrimonio de los Lake, Charles Ng llegó a vivir con ellos. La mujer dijo que se llevaban bien, ya que ambos habían sido marines (Ng aún lo era). A partir de entonces, dijo la mujer, las cosas comenzaron a cambiar y, tras una desaparición de varios meses, Ng, llegó con una camioneta y llevaba algo en ella. Poco después, tanto Lake como Ng fueron arrestados por el robo de armas del ejército y Lake fue liberado bajo fianza, pero Ng fue arrestado ya que se le iba a juzgar en el ejército por el delito. Fue entonces que los Lake se separaron, ya que ella no quiso huir con él a la cabaña y él se fue a vivir solo al lugar. Cerca de la cabaña fue construido un bunker de concreto. Cuando la policía investigó el bunker, hallaron una especie de taller con herramientas cubiertas de sangre y una puerta secreta que llevaba a otra habitación con una cama, una mesa y un letrero que decía “Operación Miranda”. También había ropas y equipamiento militar que incluía armas de alto calibre. Entre otras cosas halladas en el bunker, encontraron un detallado diario escrito por Lake donde narraba la forma en que elegían, capturaban, torturaban y asesinaban a sus víctimas.
Lake era miembro de una secta que creía que el mundo iba a terminar después de una tercera guerra mundial, y tenía la idea de crear cadenas de bunkers con esclavas sexuales para repoblar la tierra.
Poco después, descubrieron una tercera habitación, sumamente reducida y que tenía todas las características de una celda, que contaba incluso con un cristal de dos vistas donde los captores podían ver a la víctima a toda hora. Encontraron también un video donde Lake y Ng torturaban a una chica, la violaban y la obligaban a realizar un streaptease.
La búsqueda prosiguió y hallaron cerca de 12 cadáveres y cientos de fragmentos de hueso, algunos severamente calcinados ya que en las cercanías del bunker había un incinerador bastante potente, lo que hizo creer a la policía que muchos de los cuerpos fueron convertidos en cenizas.
Charles Ng, mientras tanto, seguía desaparecido. Era hijo de un acaudalado hombre de negocios en Hong Kong, pero fracasaba constantemente en la escuela o se metía en problemas por delitos menores, por lo que era expulsado. Su padre lo envió a estudiar a Inglaterra, pero pronto fue expulsado y terminó en los Estados Unidos donde, dando un lugar de nacimiento falso, se enlistó en las fuerzas armadas (Marine Corps) de donde no salió muy bien librado tras el robo de armas antes mencionado. No se sabe cómo conoció a Lake, pero poco después de encontrarse por primera vez se fue a vivir a la casa de este último.
Tiempo después, Ng fue apresado en Canadá cuando intentó robar unos comestibles en una tienda, pero las autoridades canadienses se negaron a enviarlo a los Estados Unidos porque, habiendo abolido la pena de muerte, ninguna persona acusada de un crimen capital podía ser extraditada para ser juzgada, si existía la posibilidad de que la sentencia condenatoria fuera de muerte.
Finalmente, tras seis años de batallas legales, Ng fue extraditado, pero sus abogados usaron todos y cada uno de los trucos posibles para posponer el juicio, el cual finalmente comenzó en 1998. Se piensa que los gastos del procedimiento judicial han sido los más altos en la historia del derecho mundial, superando incluso a lo gastado en el caso de OJ Simpson. Al final del juicio, Ng fue encontrado culpable del asesinato de seis hombres, tres mujeres y dos niños y condenado a muerte.
Actualmente, los abogados de Ng están apelando la sentencia, lo cual podría llevar otros seis años de batallas legales antes de que se ejecute la sentencia.

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POEMA A LA MUERTE POR PABLO NERUDA

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante

POEMA A LA MUERTE

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

No con lágrimas,

puesto que el exilio es voluntario,

sí con pena,

que no cabe en mi pecho el deseo.

¿Es, acaso, extraño una noche oscura?

De loco es añorar la luz ahora

y sin embargo me salgo de mí

y necesito como el adicto

la droga redentora.

Tiemblan mis labios

en tus labios ausentes,

huyes como una sombra

que no logro atrapar.

Queda mi grito en la garganta

y tu pecho cotidiano

de las manos se escapa,

tus ojos, ya cerrados,

no me hablan.

En este silencio sin tí

me pregunto:

¿Cómo llenar el vacío de esta noche?

NO SON LOS MUERTOS

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de su tumba fria,
muertos son los que tienen muerta el alma
y viven todavía.

No son los muertos, no los que reciben
rayos de luz en sus despojos yertos,
los que mueren con honra son los vivos,
los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos,
la vida es el honor, es el recuerdo.
Por eso hay hombres que en el Mundo viven,
y hombres que viven en el Mundo muertos.